Mirar el Sol directamente, incluso durante un eclipse parcial, puede causar daños oculares graves e irreversibles en segundos. Esa única frase es toda la razón de ser de este artículo, y todo lo que sigue se deriva de ella.

Las cinco reglas, tal cual salen de la sección de seguridad del propio sitio

Por qué los “segundos exactos” importan más aquí que en un eclipse típico

Este es el único punto donde este eclipse concreto cambia el consejo práctico, no la regla en sí. La totalidad es corta y varía muchísimo de una ciudad a otra —desde apenas 30 segundos en Bilbao hasta 108 segundos en Oviedo, con la mayoría de municipios en algún punto intermedio (ver nuestra crónica sobre el eclipse del atardecer para el desglose completo ciudad a ciudad)—. Una ventana segura de 30 segundos no deja margen para dudar: conoce de antemano, según el horario de tu propia ciudad, más o menos cuándo empieza y termina la totalidad, para no seguir manoseando las gafas cuando se abra y se cierre el único tramo realmente seguro de toda la tarde.

El resto del fenómeno —cada segundo antes de que empiece la totalidad y cada segundo después de que termine, incluida toda la fase parcial, que en varias ciudades sigue hasta que se pone el Sol— gafas puestas, sin excepción. No existe eso de “ya está casi tapado del todo, no pasará nada”: una cobertura parcial del 50%, del 90% o del 99% sigue siendo lo bastante brillante como para dañar la retina exactamente igual de rápido que mirar el Sol sin eclipsar.

La conclusión práctica

Compra las gafas con antelación en una fuente de confianza, comprueba el marcado ISO 12312-2 e inspecciónalas por si tienen daños el mismo día. Conoce la ventana exacta de totalidad de tu ciudad en el mapa de arriba. Mantén las gafas puestas para todo menos para esa ventana, y vuelve a ponértelas en el instante en que termine la totalidad —no cuando creas que ha terminado, sino en la hora que consultaste de antemano.